Ha sido protagonista de una revolución que cambió la escena de la electrónica en el mundo. Se han hecho documentales sobre él, películas con su música, tatuajes con su cara y, aun así, es tan humilde que casi no da entrevistas y cuando lo halagan, sonríe tímidamente y le da los créditos a sus altavoces. Con la inocencia de un niño y la sabiduría de un viejo chamán, con vosotros, Ricardo Villalobos.

-En una famosa entrevista publicada por el prestigioso diario británico The Guardian dijiste que “la música mezcla clases sociales, siempre y cuando la pista de baile sea más grande que el vip”. ¿Crees que Ibiza puede recuperar la esencia social que la llevó a la fama en los comienzos?

-Yo creo que la pista de baile es algo que varía con la sociedad, es como una analogía de lo que pasa afuera, con todos sus problemas y sus cosas. Entonces, en una sociedad como la de los suizos o la de un país muy privilegiado donde son muy pocos, a lo mejor eso puede funcionar. Pero para que una maquinaria funcione así como funciona en Ibiza uno necesita a los que bailan, a los turistas que vienen por las discotecas o por esa cultura de la música y que pagan entradas, y también al que se compra la mesa vip. Siempre tiene que haber un equilibrio. No existen las discotecas con solamente una sala vip o por lo menos, no las discotecas muy entretenidas. En Ibiza las cosas no han cambiado mucho y los vip siempre existieron pero eran más abiertos, no había tanta separación. Ya por el 97 hubo una crisis donde fuimos a Vara de Rey a manifestar que esto no puede convertirse en un gran vip porque la gente con demasiado poder, que paga 100 veces más por una botella, no puede reemplazar a los que vienen a bailar y además, se aburrirían si no hay nadie a quien puedan estar mirando. El mayor triunfo para mí es convencer a la gente del vip a que empiece a bailar. Que todos estén ahí por la misma razón y entonces las fronteras se empiezan a disolver.

-¿Es preocupante la situación actual?

-Yo no lo veo tan crítico y creo que ya estamos en un proceso de volver a la normalización. Y Amnesia, que no gana tanto dinero con una fiesta mía como con la de un dj más comercial, ha entendido que es importante que la gente de la isla entre gratis o barato para mantener el alma de la fiesta y también que se incluya a los turistas que si se encuentran con una entrada o una barra demasiado cara, ya no van a querer volver a la isla. Y en ese momento es cuando se quiebra el mercado. Este año en general hubo un descenso turístico, los clubes con una oferta y sonidos muy similares, y colegas que tocan de discoteca en discoteca, no sé cómo lo hacen. Creo que la simpatía es importante, y como mis colegas son muy simpáticos… (se ríe). Yo me quedo con Amnesia que es como mi familia y creo que las cosas se están recuperando.

En la cabina junto a Tini durante la apertura de Pyramid. Foto: Alberto Alcocer.
En la cabina junto a Tini durante la apertura de Pyramid. Foto: Alberto Alcocer.

-Berlín e Ibiza son dos ciudades importantes en tu vida y en la escena de la música electrónica en general. ¿Qué crees que puede enseñarle la una a la otra?

-El gran intercambio musical en el que Ibiza le enseñó a Berlín fue hace 40 años, cuando en la isla se empezó a tocar una música que después llegó a Europa. Pero creo que es al revés ahora, que las culturas vienen para acá y se celebran. El problema es que ahora se perdió un poco la identidad de la música y tanto los dj como los grandes dueños de la industria están luchando por ofrecer algo diferente pero en general, el gusto es el mismo. Me acuerdo cuando empezamos a tocar al principio, con música que no era un orgasmo atrás del otro, con colores y humo… Alguien pintaba un set con diferentes colores y era un viaje. Y en ese momento venía alguien de las barras y nos decía “ponte algo, que nos quedamos dormidos”. Entonces yo les decía “es que no puedo tocar de otra forma”. Y esas eran las conversaciones del 2000…

-Siempre amaste la música. ¿Soñabas con ser dj o te imaginabas hasta dónde llegarías?

-No, creo que uno no ve lo que va a ser en un futuro muy lejano. Ahora, por ejemplo, me puedo imaginar tocando como dj los próximos 15 años si dios quiere. Y si luego me jubilo y trato de nivelar un poco mi estado físico con lo que me pide la noche, entonces recién ahora puedo empezar a hacer esos planes. Por suerte tengo a mi mujer que me ayuda a planear. Pero cuando era pequeño, solo me interesaba la música. Trato de no juzgar el estilo, si es buena o mala, solo es una combinación de frecuencias que me hacen sentir. Me paso todo el día así, no voy al cine, no hago ninguna otra cosa y creo que esa es la verdadera razón por la que uno se convierte en dj. Porque uno estuvo toda la vida interesado en eso. Otra gente tiene esa información porque los padres tocaban instrumentos, como uno ve en los compositores, que generalmente vienen de familias dedicadas a eso, entonces se acercan a la música de manera diferente. En mi familia esa parte estaba dividida, los músicos eran todos unos locos y los otros eran muy profesionales y exitosos en sus cosas. Pero en general la educación es una cosa de tiempo en el que uno se dedica a algo. Recuerdo cuando estaba en la cocina de la casa de mis padres donde hacían muchas fiestas y siempre me sorprendía de cómo con una radio pequeña, todos mis tíos y tías empezaban a bailar. Aún sigo en la búsqueda de esa fórmula que une a todos en un mismo sentimiento. Por eso nunca le podría recomendar a una persona que nunca estuvo interesada en la música, que de repente sea dj.

-¿Qué es lo más importante para ti cuándo pinchas?

-Poder juntar a la gente de la isla en la fiesta y estar con mis amigos o intercambiando con la gente cercana, porque al final da lo mismo si estás tocando en el living de la casa o en el club. Nos matamos de la risa con mis amigos, nos la pasamos haciendo chistes todo el rato… Y entonces uno se convierte en un niño, en una persona inocente, y ya no importa el tema que habías pensado que ibas a poner porque tiene que ser una decisión no intelectual, tiene que venir del estómago, de la ‘guata’, como se dice. Es una forma bien ingenua de hacer las cosas, de no pretender hacer algo inalcanzable o que uno pueda odiar o envidiar. La envidia es un veneno muy fuerte en este mundo pero todos pueden entrar en una discoteca, pasárselo bien muchas horas bailando y salir como una persona reparada, contenta. Pero dentro y fuera de la burbuja hay mucha envidia y mucho odio, y eso es lo que yo trato de eliminar. Por ejemplo, cuando alguien viene a mi estudio y está incluido en el proceso de hacer la música, al final uno pregunta por una canción y viene. Y yo no hice nada, nadie hizo nada. No hay forma de copiarlo, no hay nada atacable. Lo único que tengo son buenos parámetros para medir las frecuencias, eso es lo que sé.

Villalobos disfrutando de la sesión y riéndose con Mar-T y Cuartero, residentes de Pyramid. Foto: Alberto Alcocer.
Villalobos disfrutando de la sesión y riéndose con Mar-T y Cuartero, residentes de Pyramid. Foto: Alberto Alcocer.

-¿Cómo es un día normal en la vida de Ricardo Villalobos antes o después de pinchar?

-Trato de que tanto como padre, como amigo, en todos los estados, siempre ser la misma persona. Y lo que quiero hacer siempre es escuchar música. Ponerla, hacerla, conversar sobre ella o que me hable la música a mí. Entonces cuando estoy tocando o después de la fiesta, siempre es lo mismo. A mis hijos les educo, les transmito y enseño todo el rato porque voluntaria o involuntariamente están escuchando música todo el día, vivimos en una casa muy abierta. Pero no los obligamos a que tengan que hacer nada. Para mí fue al revés, intentaban convencerme de que no fuera músico y al final me convertí en dj.

-¿Y como padre, cuál es tu mayor satisfacción?

-Estar con los chicos en cualquier momento, conversar, hacer cosas y escuchar música con ellos. A mí me encantaba escuchar música con mi padre. Íbamos a comprar un disco y después nos pasábamos toda la tarde escuchando. Él me enseñó a mí y yo les estoy enseñando a ellos pero en mejores condiciones, con mejores parlantes que mi papá, la situación se ha superado y tuve una suerte tremenda…

La música, el amor y el arte son las tres pasiones de Villalobos y los "Ricardistas" lo saben. Foto: Alex Hertz.
La música, el amor y el arte son las tres pasiones de Villalobos y los “Ricardistas” lo saben. Foto: Alex Hertz.

-Eres una leyenda de la electrónica. ¿Cómo te llevas con los otros géneros?

Me dedico a escuchar todo tipo de música, busco que me sorprenda. Me encanta escuchar sonidos que no se pueden definir. Para mí la música es pura emoción, trato de cerrar los ojos y no pensar qué estilo es. Es algo que tiene que pasar instantáneamente y si ya no te gusta o lo apagas o te vas, pero uno tiene que vivirlo en el momento. Y eso te enseña que los momentos son lo más importante en la vida y el futuro es una cosa que no existe. La música y el olfato te enseñan eso, a vivir a través de las emociones, que son una reacción de nuestro organismo para poder estar en tiempo real, porque si no no tendríamos el empuje interno de adaptarnos a lo que está pasando.

-Ya hablamos de física y química…

Hay campos de energía, hay una nube líquida que nos une y que está en tiempo real. Es lo que gobierna al mundo y es un lugar donde no existe la mentira. Ahora, volviendo a este plano, los problemas y las diferencias que hay entre la gente en la pista de baile, siempre son los mismos. Lo importante es que haya contacto, que el dj sea capaz de juntar a la gente de una forma que se olvide de sus propias ansias y, de repente, se deje guiar por la información de un grito o unos tambores. En ese momento, dejan de hablar y empiezan a bailar. Y ahí se produce algo muy sano para la sociedad y también para las discotecas, por eso es tan importante hacer bailar a todos.